23 de abril de 2012
MATEMÁTICAS DE LAS VIDA COTIDIANA
19 de abril de 2012
LA CADENA DE CONSUMO
A la luz de los acontecimientos que nos tienen a todos el humor algo maltrecho, se me ha venido a la cabeza que por más vueltas que le doy, no comprendo cómo se hace política en este país.
No soy economista, vaya la excusa por delante. Dios me libre de hablar de lo que no sé y disculpen mi osadía los entendidos, esos que conforman los gobiernos, las comisiones y otros grupos de elegidos, que tienen la oportunidad de manejar a su antojo las vidas de aquellas personas que sólo quieren trabajar.
Bien es sabido por todos, que desde hace varios años y hasta la fecha en que escribo, en ausencia de un empleo que me permita vivir cubriendo mis más básicas expectativas, tengo dos medios trabajos a los que juntos dedico como si cada uno de ellos fuera el que me brinda el 200 % de mi salario. Pero este complicado asunto tiene sus no parabienes y mis doce años de experiencia me refieren la figura universitaria que soy “profesora asociada”, sin los cuales no sería apta para el puesto docente que desempeño. Hablando claro, o todo o nada.
Como más de cinco millones de parados no parecen suficiente desgracia, para aquellos que se erigen en arte y parte de la salvación de una Europa que desea para nosotros el mejor de los destinos, la cifra en España no para de aumentar y como no, porque libre no estamos ninguno, se ciñe sobre mi cabeza la oscura sombra del INEM.
Pensaba yo, como decía, que cada día cojo el coche al que dos veces al mes echo oro líquido, hasta que la manguera (o la cartera) me dice para. Como la jornada es mayor de cinco horas, tenemos derecho a “descanso por bocadillo”, que en mi tierra se traduce en una buena tostada, un café bien calentito y un ratito de charlas en el bar de enfrente en el que un joven matrimonio ha puesto hace unos años toda su ilusión y el capital correspondiente.
Dos días a la semana trabajamos por la tarde. Aprovecho para hacer algún que otro recado y como, según el día, un par de tapas en la Puerta Real, algo de comida china en un restaurante en el Duque, o ¿porque no?, una ensalada en mi cafetería favorita donde además pago sin remordimientos lo que cuesta un frapuccino con extra de moca. En esta enorme y horrorosa empresa multinacional, suelen atenderme jóvenes que trabajan algunas horas a la semana, para pagarse unos estudios que algunos dicen, son públicos y gratuitos.
Otras veces sin embargo, entro en el supermercado y sigo y sigo consumiendo hasta el punto de llevar a casa algo especial para cenar, algún capricho suculento que me ayude a terminar el día. En ocasiones compro regalos, para familiares o amigos cuyos cumpleaños se acercan, y como es de tradición costumbrista, son obsequiados con presentes a juego con la economía de la persona que regala. Pero no contenta con tan tenebroso nivel de consumo, suelo dar una vuelta paseando, entrando en esta y aquella tienda, algunos pequeños comercios de los que viven familias enteras y en las que con cierta regularidad siempre acabo comprando algo.
El caso es que andaba yo dando vueltas por el centro y se me vino al pensamiento que ocurriría si de pronto, yo no hiciera nada de esto.
Ya no tendría que madrugar, ni echar tanta gasolina. Tampoco consumiría desayunos en el bar de enfrente, ni ensaladas ni cafés. Ya no compraría detalles para mi recién estrenada casa, ni ropa que por el uso se hace pesada de llevar.
Y aunque una persona no es mucho, cinco millones que no compran, no toman café en la calle, no salen con los amigos o no tienen casi vida social, generan una ausencia tan escandalosa de consumo que, tras el despido de unos, vienen los cierres de otros, las dificultades de subsistir de los terceros y una rueda destructora de todo ápice de empleo en cada uno de los barrios y rincones de esta ciudad.
¿Será posible que la reforma laboral, el aumento constante de las personas que engrosan las cifras del Paro, la congelación de las promociones y los accesos a los distintos cuerpos de empleo público, los recortes en Educación, Sanidad, Cultura, Políticas de Empleo y demás pilares de una sociedad sana y que se llama a sí misma democrática, sean la solución al problema que las medidas en sí mismas están generando? Llámenme torpe, por no entender. O mejor, explíquenlo con palabras sencillas, para que todos los ciudadanos conozcamos el porqué de nuestros sacrificios.
Decía Funes en su artículo Lecturas inadaptadas sobre los ciudadanos con dificultades sociales, que a veces algunas medidas de intervención, generan más perjuicio del que quieren evitar. Pero claro, él tampoco es economista… y naturalmente no se estaba refiriendo a esto...
14 de marzo de 2012
Y HOY... LA UNIVERSIDAD A LA CALLE!

Una vez más, el alumnado sorprende con una iniciativa organizada, pacífica y con un marcado carácter social, para mostrar su opinión sobre la repercusión que está teniendo la situación económica en los servicios públicos.
La idea es poner de manifiesto la importancia capital que tiene la EDUCACIÓN, para el futuro de los jóvenes, mostrando públicamente que se hace en las universidades, de qué se habla, cómo se trabaja y qué temas son los que nos preocupan.
28 de febrero de 2012
CERRADO, PERO NO POR VACACIONES
Llegados a este punto y como cada uno de los cursos que año tras año he ido dejando atrás, toca colgar el cartel de “cerrado”; aunque, curiosamente en esta ocasión, lo hago de forma prematura y ni mucho menos “por vacaciones”.
Atrás quedaron ya los madrugones, las carreras, el caos y el desconcierto de los primeros días. Con el infernal horario aprendido y aprehendido, con los cambios de aula dominados y los medios casi a mi favor, acabo lo que he dado en denominar un semestre atroz.
Malo fue el comienzo. Demasiados créditos concentrados, nuevos retos, distintos cursos y poco espacio temporal para planificar sorpresas como es debido. Malo fue acostumbrarse a no desayunar los lunes, casi no comer a medio día, y llegar a casa tan tarde y cansada, que no quedaban ganas de cenar. Malo fue empezar el curso afónica, y a duras penas y con sobredosis de medicamentos, sacar lo justo de la voz para superar más con energía que con volumen, cada fatídico lunes.
Fines de semana enteros de correcciones, comentarios en los Blogs y tutorías on-line. Fines de semana enteros de adaptación de las materias a necesidades e inquietudes de unos grupos caracterizados por su insaciable curiosidad.
Pero lo realmente desconcertante, ha sido llegar a necesitar un par de minutos por clase, para mirar las caras del alumnado y saber en qué asignatura estaba; si era teoría o tocaba práctica, primero de didáctica o segundo de intervención.
Y una vez más, desde la distancia de un semestre ya cerrado, la docencia es lo que da sentido a todo lo que hacemos. Una vez más vuestras caras de sorpresa y confusión, se tornaron conocidas e incluso cómplices del proceso de enseñanza-aprendizaje. Una vez más construimos todos juntos, nuevas formas de saber, saber hacer, saber ser y transferir. Nuevas formas de aprender.
Repasamos grandes teorías, lejanos modelos que escapan a veces a vuestro práctico e impulsivo parecer. Debatimos sobre lo que hubo, en lo que andamos y lo que se estima que vendrá. Reflexionamos sobre nuevas formas de trabajar la educación, de romper moldes y paradigmas. Tratamos de conocer para estar seguros de lo que no queremos. También hablamos de valores, de formas de ver y entender el mundo que nos rodea. De ser personas y grandes profesionales.
Por vuestra parte las muchas ganas de flaquear a mitad del semestre, la acumulación de tareas y trabajos, la falta de planificación, pero también la generosidad de no mostraros implacables ante mis muchos errores. El interés por explorar y perfilar un futuro que la mayoría de las veces se os presenta incierto y hostil.
Por mi parte el cansancio, el caos y el exceso de libertad que tan mal lleváis, paliado con el entusiasmo de compartir espacios sociales y educativos. El afán por enseñaros a “manipular con criterio”. El gusto y la satisfacción por lo que hago.
Me llevo cargada la mochila de infinitas ganas de innovar. De mejorar aquello en lo que hemos errado, de perfeccionar todo en lo que hemos acertado. Para una nueva etapa que empieza y que forma parte de mi lucha personal por dedicar más y más tiempo a lo que realmente quiero, me llevo cargada la mochila…
…al fin y al cabo.
30 de enero de 2012
e-ducasostenible
1 de diciembre de 2011
20 de noviembre de 2011
LA CARRERA DEL DAR Y EL RECIBIR
Andaba yo ensimismada, un sábado de lluvia cualquiera, de esos en que te duele la espalda, la vista e incluso las manos de darle a las teclas del ordenador…
Andaba ya cansada por el peso de la tarea, por la prisa por cumplir los plazos, por las ganas, como siempre, de innovar la próxima semana.
“¿Estarán cansados ya los de primero de tanto rollo cinematográfico?” “¿Cómo explico yo en segundo tanto modelo y tan antiguo? ¿Cómo expongo algo tan denso, sin tenerles que aburrir?”
Y de repente me llega por correo lo que hace cada día que tenga ganas de seguir…
He pensado tantas veces si esto merece la pena… No las clases, por supuesto, eso es fácil tenerlo claro. Son las cosas que no hago las que me llegan a molestar.
Hemos de escribir artículos, publicarlos, investigar… DEAs, TESIs, TFMs e incluso un poco de gestión. Acreditaciones, títulos, certificados y no olvidemos el idioma, las estancias en el extranjero, pues todo ello es necesario para poder ejercer. Y lo haré, no tengo dudas, los haré con tiempo o sin él.
…Pero nada es comparable a dar clase cada día, a vivir esa experiencia, a sentir que puedes comunicarte.
Cada lunes entro en el aula con prisas, charlas, desorden… “Apagad la luz, cerrad la puerta”. Miro una y otra vez ese reloj de enfrente que no funciona. Pongo la presentación, el vídeo. “Buenos días; Buenas tardes”; “Vamos chicos que una hora no nos da…”.
Me encanta empezar a reconocerlos, ver sus caras en los Blogs, en las fichas. Saber cuando están inquietos, preocupados, cuando el día ha sido fructífero. Intuir cuando todo va bien, cuando molesto, cuando convenzo, cuando aburro y ¿por qué no?, cuando divierto.
Siempre hay un alumno tímido, que no habla. Su cara te lo dice todo mientras se muerde el labio desde su sitio, sin atreverse a preguntar. El que sabe, el que tiene experiencia o ha leído. El que lleva la voz cantante y ayuda a otros a aprender. El que lo vive y se enfada o lo disfruta, como si fuera la clase el único refugio de sus impetuosas ideas. El reflexivo, que todo lo mastica, antes siquiera de emitir un juicio de valor. Aquel otro de la esquina, que asiente con delicadeza, cada vez que le diriges la mirada. El que niega fervorosamente sin lanzarse a discutir.
El osado, el temperamental, el que lo siente y el que no lo entiende. Todos ellos forman parte de un complejo proceso: la carrera del dar y el recibir. Todos tienen cada día algo importante que enseñar. Y no lo saben.
Pero entonces unos ojillos se abren profundamente. Los músculos se relajan, la figura, antes hierática, se hunde y acomoda y la espalda queda completamente pegada al asiento. Casi puedo ver la luz que se desprende de una idea. Casi puedo tocar el descubrimiento, la satisfacción y el arte que subyace, de haber encontrado una respuesta.
¿Qué será aquello que pasa que no puedo definir?
A mi alrededor todo se para. Veo sus caras desde el escalón. Es la magia que envuelve ese momento tan corto…
Hasta que vuelvo a ser consciente de que se acabó la hora y he de dejar de aprender.
